23 de Diciembre del 2004

Llamadme lo que queráis

Para Laura, cada día por un motivo nuevo.
Para mis amigos. Siempre.
Para mi familia, por todo.

En Málaga el frío llega con Diciembre; hasta este momento apenas se asoma, se deja ver un poco pero no se queda. La vieja castañera de mi barrio, una gitana encorvada por el peso de tanta arruga, nos avisa con señales de humo de que el invierno se acerca. Entonces me echo a la calle para enfriarme las manos, sentado muy junto con ella en un banco verde; aprovecho el frío como excusa para abrazar, para apretarme más a la mujer que quiero bajo nuestro único paraguas.

Bajo del autobús en la Alameda Principal y rozo los troncos viejos de los inmensos árboles al pasar por su lado. En la plaza de Félix Sáenz rodeo el abeto hecho con pascueros rojos y dedico una mirada fugaz a la fachada de curvas de los grandes almacenes más antiguos de Málaga. Entro en calle Nueva evitando los charcos y trato de cruzarla esquivando a la gente sin mojarme los pantalones; llego por la Constitución hasta Uncibay, y allí subo la calle Granada de luces y humo, y de guitarras.

En Navidad toda Málaga se alumbra, y puedo ver brillar desde la carretera que me lleva a casa de ella la Alcazaba y Gibralfaro, abrazados a la piedra de la montaña, y la judería y el centro de mi ciudad que parecen querer explotar de tanta luz. Las calles están llenas de gente que camina despacio, y las esquinas de desocupados que charlan y ríen. Camino hasta el parque para recorrer por enésima vez los innumerables puestos de artesanía, como todos los años. Cuando vuelvo, paso por la puerta de la catedral manca y, cruzando el pasaje de Chinitas, llego a calle Larios; debo pararme por el camino a cada instante para saludar a todos los conocidos que, como yo, bajan a la calle a disfrutar del frío y de la luz.

Ya en casa, entre mi padre, ella y yo montamos el árbol más hortera del barrio. Mi pobre perro termina huyendo de nosotros, con dos bolas inmensas colgando de las orejas y una tercera del rabo. Alguien canta un villancico y yo, complaciente, me dejo hacer y sigo la vieja letra. Mañana vendrán mis hermanos, y sus mujeres, y mis primas, y mi sobrino, y mis tíos, y todo el mundo hará un esfuerzo por llevarse bien al menos el rato que dure el puchero de mi madre.

Unos días de paseos inacabables recorriendo lugares que sé de memoria, buscando ese número escaso de rincones realmente únicos de Málaga que muy pocos conocemos. La Nochevieja me verá en la calle, levantando una copa con los viejos amigos de siempre por los años de amistad que se han ido y los que vendrán. Y el día de Reyes me levantaré corriendo para abrir mis paquetes, como cuando era un niño, y con más ilusión aún le entregaré mis regalos a ella, y a mis padres, y a mis hermanos. Y rabiaré si alguien encuentra el premio del roscón antes que yo.

Llamadme lo que queráis, pero a mí me gusta la Navidad.

Felices fiestas a todos, para vosotros y para vuestra familia. Y feliz año nuevo. Como dijo el poeta: salud y suerte, y que la vida os dé más, siempre más.


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22 de Noviembre del 2004

Sobre weblogs, diversovariable y honestidad

Hace ya cerca de un año mi amigo Antonio me propuso llevar juntos un proyecto. Me habló de weblogs, libertad, literatura, gratuidad... Sinceramente: me pareció una locura. Para qué engañar a nadie: una auténtica locura. Y ahí quedó. Al tiempo Antonio me comentó que había logrado montar el web, sus contenidos y todas las posibilidades que ofrecía el mundo de los blogs al ámbito de la creatividad y la comunicación. Me conecté a diversovariable y quedé impresionado. Y esto no es un publirreportaje ni la columna literaria de un lameculos. Es cierto. No obstante, me seguía pareciendo inviable este proyecto. No sólo el modelo de weblogs, sino también que pudiese llegar lejos en estos tiempos algo relativo a la cultura, a la creatividad y a la actualidad sin ningún ánimo comercial. O lo que es lo mismo: sin que una empresa interesada estuviese detrás, ignorando si lo que vende son versos o hamburguesas.

Menos de un año de paso por diverso me ha valido para entender cuán equivocado estaba. Recientemente, la página llegó a las 5000 visitas. Sois muchos los que comentáis diariamente los post. Y somos muchos los que hemos disfrutado todo este tiempo de la creatividad que aquí se vende a cambio de tiempo. Antonio me ha invitado a involucrarme en este proyecto de nuevo como co-autor. Me ha entregado las llaves de su casa. Las tomo. Pero nada de co-autor. Este es un proyecto consolidado gracias a la dedicación de quien sabe creer en sí mismo. Únicamente. Y me uno como un discípulo casi, desde la facilidad y el convencimiento, ahora sí, que ofrece un proyecto que se consolida. Quiero decir -ya puestos a ser sinceros- que yo también sé que soy plenamente prescindible.

Ahora acabo de llegar de un congreso sobre los veinticinco años de libertad de expresión en España, aplicados al ámbito de la comunicación. Una de las ponencias profundizaba en el mundo de los weblogs. Y allí estaba yo en los pasillos hablando de literatura, libertad, gratuidad… defendiendo las posibilidades, en definitiva, que ofrecían al ámbito de la creatividad y la comunicación páginas como ésta. Algunos me miraban con ojos de escepticismo y distancia. Los mismos que un día te puse. Gracias Antonio por demostrarme que me equivocaba, por la oportunidad. Eternamente agradecido.

Alejandro Díaz.

Posted by Alejandro Díaz at 12:25 AM | Comments (4)

8 de Noviembre del 2004

Otro ocho de noviembre

Aquel otro ocho de noviembre fue viernes. El cielo quería llover pero no se atrevió. Yo llegué temprano y me senté a leer para esperarte. Tú llegaste con alguien más (no recuerdo quién fue: el tiempo borra ciertos detalles, y sólo quedas tú, toda tú, desde la sonrisa y el mechón azul en el pelo hasta los colores de tu ropa). Empezamos a caminar sin rumbo, haciendo paradas intermitentes para perder unos segundos en mirarnos y sonreír.

Sin querer caminábamos cada vez más juntos, porque la vergüenza no podía ponerle puertas al deseo. Mi brazo sin querer se deslizó por tu cintura y tú te dejaste hacer; tu cabeza se apoyó en mi hombro y así seguimos andando, y los demás nos miraban y no querían decir nada porque ya sabían lo que nosotros aún no nos atrevíamos a creer.

Propuse aquella plaza porque había pasado en ella tanto tiempo que me sentía cómodo, y quería compartir mis viejos recuerdos contigo. Allí nos sentamos en el fondo, a la derecha de la cruz, y los demás con nosotros: tú y yo en el banco de hierro frío, los demás en la poyete de piedra (no sé quién junto a quién: también lo he olvidado). Encontraste un hueco en mi pecho para poner tu cabeza al abrazarme que yo no conocía. La excusa que nos había llevado allí era muy débil y pronto se agotó. Algunos se fueron, otros quedaron; no estábamos solos, pero no importó: comenzamos a hablar cada instante más bajo, más bajo, deslizándonos cuesta abajo hasta que caímos de lleno en el beso.

El beso fue eterno en su larga brevedad.

No importa qué ocurrió el resto de la tarde. Apenas lo recuerdo. No sé dónde más estuvimos, ni de qué hablamos ni qué hicimos. No quisimos decir nada que nos comprometiera, ninguna palabra que pusiera nombre a lo que ocurría. Algunas docenas de kilómetros entre los dos convirtieron aquel fin de semana en la espera más larga de toda mi vida; llegó el lunes con el ansiado reencuentro. Nos encontramos cara a cara sin saber qué decirnos. Quizá no..., quizá..., quizá, quizá, demasiados quizás y demasiadas dudas en un segundo, pero nos rendimos. Resonó un segundo beso que fue una rúbrica a fuego en mi pecho.

Cuando lo recuerdo, sus ecos aún me aturden.

Han pasado dos años desde aquel otro ocho de noviembre.

Te quiero. Siempre más.

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Posted by Santo at 11:02 PM | Comments (7) | TrackBack

1 de Agosto del 2004

He vuelto

Después de 15 días desaparecido en combate, ayer al fin regresé al mundo cotidiano. En los primeros días de mi viaje con Delirio me he dado el tremendo gustazo de ver en directo otra vez a Iggy Pop (en esta ocasión, con los Stooges de nuevo reunidos), y de ver en vivo por primera vez a The Cure, Muse y The Darkness. También he tenido que aguantar algunos tostones, como los infumables Lilith (¿qué hacía allí una españolada tan cutre compartiendo cartel con Iggy?), Starsailor (un buen concierto que, por otra parte, no me dijo nada en absoluto) o Lou Reed (y el caso es que Reed me gusta mucho, pero hace años que dejó de ser lo que era). Además, después de 3 años sin vernos, me volví a encontrar con una vieja amiga de la Ruta Quetzal (con lo grande que es el mundo, Carmiña, y nos da por cruzarnos en la misma parada de bus, en una ciudad que no es ni tuya ni mía). Incluso he estrechado la mano del cantante de los Darkness (un chico muy simpático y bastante excéntrico). Por otra parte, me he llevado algunos cabreos que no vienen al caso.

Después de los cuatro días en Santiago, Delirio y yo rodamos hacia León, donde empezamos un nuevo campamento scout con nuestros niños (concretamente, 17 animalejos de entre 8 y 11 años). Para Delirio, el segundo; para mí, el décimo. Durante esos 12 días nos han pasado muchas cosas, ratos buenos y malos que nos dan los muchachos. No hay sitio aquí para contarlo todo de una sola vez.

Además, éste es el post número 100 de Diverso Variable. Quizá debería aprovechar para la típica reflexión de "por qué un blog, por qué así" y todo eso, pero no me apetece. Creo que todo el mundo sabe ya a estas alturas para qué nos creamos un blog. Sólo quiero dar las gracias a las aproximadamente 20 personas diarias que leen este blog. Si no fuera por ellas ya me habría desanimado hace mucho tiempo. Ojalá supiera quiénes sois todos vosotros para daros las gracias con nombre y apellidos.

Por último, dos noticias: el viernes 13 de Agosto a las 17.00 doy un concierto con mi grupo, La V Columna, en la Feria de Almogía (Málaga). Estáis todos invitados. Además de eso, esta tarde me hacen una entrevista para el periódico MálagaHoy, en mi papel de joven artista malagueño. Supongo que saldrá mañana. Ya pegaré el recorte.

Un abrazo a todos.

Posted by Santo at 2:36 PM | Comments (1) | TrackBack

3 de Julio del 2004

Carta abierta

Hace dos años ya, ¿recuerdas? Tú no dejabas de mirarme, y yo había bebido lo necesario para olvidar que soy un cobarde. Me dijiste que acababas de cumplir 19 años. Yo tenía muchas ganas de besarte, así que me hice el sorprendido y respondí que yo también. Bailamos un rato muy juntos, hasta que reuní suficiente valor para acariciarte la cara y el cuello.

Te parecerá mentira, pero me da mucha vergüenza, y... En fin, ¿puedo darte un beso?

Me ofreciste la mejilla, pero yo no me rindo fácilmente. En realidad estaba pensando en otra cosa, y sonreíste; aproveché el instante de debilidad para besarte, y tú para dejarte besar. Sabías un poco a limón. ¿Por qué tiemblas? Tú también temblabas. Por lo mismo que tú.

Dos días después volvimos a vernos para tomar un café. Nos saludamos con un roce de labios en la mejilla; cuando llegamos a la tetería, te pregunté si me iba a costar tanto besarte como la otra noche. Te echaste a reír, y esta vez fuiste tú la que me abrazó y me besó, y yo el que se dejó querer.

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Me gustaba tu voz. Y tu sonrisa pequeña. Me encantaba escuchar tu risa. A ti te gustaban mis locuras, mis canciones y las noches en que la luna salía sólo para nosotros. Pero tú sólo querías quererme debajo de esa luna; me querías querer cuando nos abrazábamos y decidíamos dejar pasar también este autobús. Y querías olvidarme cuando bebieras dos copas de más y estuviéramos cada uno bajo una luz de neón distinta.

Así que te di un tercer y último beso (que esta vez supo a sal y olvido) y te dije adiós, pensando que me costaría olvidarte. Me equivoqué. No me costó. Pero fue eterno mientras duró.

He escrito muchos versos para las mujeres que no me han querido, y muy pocos para las que sí, o para las que me han hecho sentir como si me quisieran. Supongo que, en cierta manera, te lo debía.

Posted by Santo at 10:15 PM | Comments (5) | TrackBack

9 de Junio del 2004

Cuentacuentos

Cada martes me llevo una sorpresa: llegar a la tetería para hacer el cuentacuentos y encontrarme con que la sala está llena. Y me sorprende porque yo no iría a ver mi propio espectáculo. Ni el de Nacho, claro.

Cuando empecé preparaba y leía los cuentos con días de antelación; pasaba largos ratos releyendo y memorizando cada historia, cada monólogo, practicando gestos y movimientos delante del espejo. Después descubrí que todo eso no hace mucha falta y basta con tomártelo con calma y procurar pasar un rato entretenido. Ahora, en el mejor de los casos, mientras conduzco hasta la tetería hago memoria hasta recordar cinco o seis cuentos. En el peor de los casos improviso.

Me gusta más contar historias que escucharlas. Aparte del exhibicionismo psicológico y el chute de vanidad que supone, te permite mentir sin que nadie cuestione tu palabra y jugar a ser titiritero de hombres. Sin transición ni piedad, un momento les hago reír, y al siguiente arañan un poco la madera de la mesa con mis pesadillas. Después se hace un silencio terrible mientras mi voz desgrana alguna pena cotidiana. Y hasta me permito hacerme pasar por un gran héroe mintiendo como un bellaco.

Con todo y con eso, incluso hay personas que vienen cada semana, ¡sin ser amigos nuestros! Entre ellos un chico al que estamos empezando a meter en el show (cuidado, no te confíes, somos una secta); y una chica que cada día me sorprende más. Cuando yo llego, ella lleva ya un rato sentada en su sitio, que además suele ser el mismo. Leyendo, o escribiendo algo. Escucha todo el espectáculo, y nada más decir "hasta el próximo martes", coge sus cosas y se marcha sin decir nada. ¿Acaso no podría haber también detrás de esto una historia? Ponle una velita a San Cucufato, no vaya a ser que se me ocurra algo...

En fin. No sé si se ha entendido lo que quiero decir. Que muchas gracias. Por venir y eso. El placer siempre, siempre, siempre es mío.

Posted by Santo at 12:43 AM | Comments (8) | TrackBack

18 de Abril del 2004

Sepa usted

Hoy tengo la tarde tierna. Sepa usted, señorita, que la quiero con locura.

Y mientras, cantaban los poetas...

Ya no puedo acercarme a tu boca
sin deseártela de una manera loca...

[...]

Ya no puedo continuar espiando,
tus llegadas día y noche adivinando...
¡Ya no sé con qué inocente excusa
pasar por tu casa!

[...]

Voy a perder la cabeza por tu amor,
si te quiero y quiero de esta forma loca
que te estoy queriendo...

[...]

Posted by Santo at 10:27 PM | Comments (3) | TrackBack

6 de Enero del 2004

Escultores de sueños

Cuando era pequeño le pregunté a mi hermano de dónde venían todos los juguetes que los Reyes Magos traían. Me contó que los reyes de Oriente eran en realidad tres escultores, que vivían en un palacio de mármol y cristal sobre una montaña remota de piedra marrón. En la ladera de la montaña había una cueva; allí acudían a trabajar cada Navidad, y con el barro del suelo moldeaban juguetes de arcilla. Después bajaban por unas escaleras hasta una cascada de espuma blanca al pie de la montaña. Al meter las pequeñas piezas debajo del agua, y por obra de una magia desconocida, se convertían en verdaderos juguetes. Subían entonces a sus camellos para repartir el fruto de su trabajo por todo el mundo.

Hay quien ve en la noche de Reyes un ejercicio de consumismo destructivo. Todo tiene dos caras: también es un momento de ilusión, una excusa para que a los que nos cuesta decir "te quiero" podamos demostrarlo. Todo depende de los ojos con los que mires el mundo. Hoy, unos trece años después de que mi hermano me contara aquella historia, yo me sigo metiendo en la cama con la ilusión de que esta noche los tres viejos escultores cumplirán mis sueños.

Feliz noche de Reyes, y feliz año a todos.

Posted by Santo at 1:55 AM | Comments (1)